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Prólogo del Autor

Replantearnos las vida es algo que muchas veces hemos hecho, pero para que este suceso ocurra requerimos necesariamente haber experimentado vivencias, que de una u otra forma, nos marcan de manera tal que la reflexión ante la vida se hace inminente adquiriendo un nuevo significado.

Navegar extensas horas sobre un mar turbulento y con el vómito a cuestas por ser un novato marinero, no es precisamente la poética postal que muchos hemos imaginado, menos si se trata de ir tras la captura de la langosta u otra especie que ostente tal desafío. Así era el instante, cuando en las aguas del Archipiélago de Juan Fernández, hace muchos años atrás invitado por la UNESCO, un pescador de aquellos de piel reseca y rostro curtido por el sol y agua salada, más sus duras manos rasgadas por lianzas y espineles,  me decía: “esta es mi vida en el mar y no podría estar atado a otra cosa que no fuera esto… Moriré haciendo lo que me gusta y que mi padre me enseñó”. Las palabras vivenciales de este veterano pescador mostraban prácticamente una biografía in situde las cientos de horas depositadas en el océano y lo que para él representaba un legado y compromiso familiar.

Si algo he aprendido de ello, es que la cultura de una nación se sostiene precisamente de la convicción de nuestras raíces y de cómo ellas se van transmitiendo de generación en generación. La herencia cultural precisa del sostén de las tradiciones y todos, sin distinción, somos responsables de salvaguardar nuestro patrimonio humano y natural.

Años han transcurridos desde entonces y ahora, inserto como documentalista para OCEANA, ha sido tan bello como admirable ver que en este escenario insular sus costumbres y estilo de vida se observan tan vigentes como inalterables, incluso, la conservación de sus especies marinas, tan importantes para el sostén laboral y familiar, permanecen casi inalterados producto del apego responsable y disciplinado por una aprovechamiento con una visión sustentable de los recursos. Pero este es un espacio singular y así también sus isleños no se han dejado perturbar por el mundo moderno e incluso por el frívolo desgastante que puede llegar a ser la tecnología dentro de su contemporánea conectividad.

Sin embargo, otros espacios, ya más bien en el litoral continental o cercano a éste, lal escena se muestra diferente. Si bien es posible recorrer y observar un exquisito apego por las costumbres costeras, cierto también es que la vida ligada al mar no es en nada simple y en muchos casos la realidad suele ser incluso desgarradora. Amenazas medio ambientales, como las termoeléctricas influyendo en el cambio de la temperatura oceánica y especies que la componen, junto a las toxinas que éstas arrojan afectando directamente a la salud humana, no puede ser un escenario indiferente, como tampoco debiese serlo el caos eco sistémico ocasionado por las salmoneras, destruyendo espacios biológicos y con ello influyendo directamente en los recursos marinos, sostén de vida para miles de familias.

Con todo, y en lo que concierne a las materias que he tratado en este libro, tanto las tradiciones como la conservación de los recursos naturales, y con ello, de todo  espacio geográfico y humano ligado al mar, componen buena parte del significado de paisaje cultural que individualiza y conforma a una nación. Y es que sabido es, que toda estructura social y la subsistencia como trascendencia de ésta en el tiempo obedece a una correcta dirección política y al aprecio y apego de una sociedad por sus valores.